Somos como comemos

10/01/2022 - 09:50
Artículo de opinión de Javier Guzmán, director de Justicia Alimentaria
Publicado de manera original en Nuevatribuna.es
 

En los últimos años, y con la irrupción de la pandemia, hemos visto un desarrollo vertiginoso del proceso no sólo de digitalización de la economía si no que podríamos decir de nuestra vida.

 Y ese proceso acelerado llevado a la alimentación ha causado el desarrollo de realidades como el aumento de la compra de alimentos on line, a través de las grandes plataformas logísticas, la aparición de las llamadas cocinas y supermercados fantasmas o el aumento del food delivery, mediante el servicio de reparto a domicilio que hace uso de plataformas que vulneran los derechos laborales. Estás nuevas realidades de la que podríamos denominar “post‐modernidad alimentaria” están sustituyendo a los pocos actores que nos quedan para defender los modelos de producción y consumos locales, como mercados, restaurantes tradicionales, cocina de los colegios, tiendas de barrio, etc..

Las características de este nuevo modelo y sus consecuencias ya las conocemos, se trata de un modelo de alimentación en manos de grandes capitales, que concentra oferta y demanda, que genera enormes impactos climáticos no sólo por las cadenas largas de aprovisionamiento basadas en la compra de alimentos en los mercados internacionales, sino que además su distribución en la última milla se basa en una gran cantidad de movimientos realizados con apenas mercancía para cumplir aquello de “te lo llevamos en 30 minutos”, amén de las ya conocidas situaciones de explotación laboral que sufren los riders, las molestias en los vecinos por sus instalaciones, humos, ruidos, o los impactos directos sobre el sistema productivo local.

Pareciera que caminamos hacia un sistema alimentario distópico, una forma de alimentarnos sin agricultores, de comer solos en casa frente al televisor o en la propia mesa de la oficina. Y esto es un cambio transcendental, porque obviamente el comer no es sólo un acto fisiólógico, sino que es uno los pilares básicos e insustituibles para construir y fortalecer comunidad, ya sea familiar, vecinal, etc…y no sólo en el acto de reunirnos alrededor de una mesa, sino en los lazos que generamos con nuestro entorno rural, con el territorio, con nuestro medio.

Estos nuevos modelos de negocio lo que favorecen es todo lo contrario, es la fragmentación y descomposición de nuestro sistema alimentario y por tanto el aislamiento de todos y todas, porque por un lado, al productor o productora lo desliga de sus consumidores cercanos y lo inserta en la gran cadena de exportación; por otro lado, deja de lado a las personas consumidoras, que se alimentan de productos de cualquier lugar del mundo, da igual, sin referencias locales ni apego al territorio; además de que son modelos que generan enormes impactos sociales y ecológicos en los lugares de origen, en los propios vecinos y vecinas del barrio que han de padecer una “cocina fantasma”, y todo porque el valor principal de nuestra alimentación ya no es su frescura, origen, calidad, etc., sino la comodidad y el ahorro del tiempo. Esta es la trampa de la que no podremos salir, porque a cambio de la comodidad estamos entregando a estas grandes empresas el control de nuestra alimentación.

Frente a esta realidad es imperiosamente necesario denunciar este modelo pero también lo es construir alternativas desde la economía social y solidaria que utilicen las nuevas tecnologías para generar “comunidad alimentaria” y el fortalecimiento del tejido social. Es decir, evitar la desaparición de la alimentación como un factor fundamental de nuestra socialización y de lucha contra el aislamiento al que cada vez más estamos siendo sometidos.

Para ello desde Justicia Alimentaria nos hemos propuesto desarrollar una metodología y un plan de negocio que nos permita ir creando y diseminando en diferentes ciudades lo que hemos llamado un servicio de Eco‐Social Food Delivery. Con este proyecto de innovación social en colaboración con Las Naves, hemos querido poner en manos de la comunidad un negocio de restauración y entrega de comida a domicilio bajo los parámetros de la economía social. Un servicio de comidas sano, de proximidad y solidario a desarrollar en un barrio de València para democratizar el acceso a este tipo de alimentación, ofreciendo unos precios accesibles, justos y que tengan en cuenta a todos los eslabones de la cadena alimentaria. Sus principales valores consisten en una oferta de menús equilibrados basados en el plato de Harvard, abastecidos por proveedores locales y agroecológicos, a través de una plataforma de bicimensajería basada en relaciones laborales justas para los y las riders y que garantice el abastecimiento a colectivos en riesgo de vulnerabilidad a través del menú solidario.

El food delivery siempre se asocia a opciones de comida rápida, poco saludables y que nunca tienen en cuenta el impacto social ni ambiental de sus prácticas. Con esta iniciativa, le hemos querido dar la vuelta a esta tendencia, cada vez más afianzada entre los hogares y explorar alternativas que combinen una oferta más sostenible de estos servicios, a la vez que contribuyen a dinamizar la vida de los barrios, a favorecer el acceso a este tipo de alimentación para todas las personas y a transitar hacia un modelo de alimentación basado en las relaciones personales, poniendo en el centro al sector productivo, primando lo local, la agroecología y los cuidados. Porque pensamos que la alimentación saludable y sostenible no debe ser un privilegio, es un derecho.

Que existan nuevas tecnologías no quiere decir que sometan nuestros valores. Somos como comemos.